14 de junio de 2026

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Cáncer de páncreas: avanzan en el diseño de un medicamento para combatirlo

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Científicos de Argentina y Francia realizaron un aporte en el combate del cáncer de páncreas, uno de los tumores más desafiantes que existen a la fecha. Hallaron que una proteína –“NUPR1 (Nuclear Protein 1)”– desempeña un rol fundamental en su diseminación a partir de la metástasis y diseñaron un medicamento que podría representar una mejora en el tratamiento de los pacientes. Fue probado en animales con éxito y en los próximos años esperan avanzar en ensayos clínicos con humanos. El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, fue liderado por el doctor Juan Iovanna, investigador argentino que desde hace 40 años está radicado en Francia, en el marco de una red de colaboración entre científicos europeos y locales.

El cáncer de páncreas, en su presentación más frecuente y mortal (denominada adenocarcinoma ductal pancreático), representa uno de los problemas científicos más significativos a nivel global. Un tumor muy agresivo que, en algunos casos, puede atenderse mediante una cirugía y que se destaca por tener una alta tasa recidiva, esto es, por su frecuencia de reaparición. Las células cancerosas pancreáticas son muy resistentes. Sin embargo, la buena noticia es que este grupo de investigadores halló una posible respuesta para empezar a desarmar esa resistencia y conseguir que la quimioterapia comience a ser más eficiente al eliminar los tumores.

Iovanna y compañía descubrieron que la NUPR1 desempeña un rol clave en la progresión, la agresividad y la resistencia al tratamiento que exhibe el cáncer en pacientes. La hipótesis, en este sentido, era que si se atacaba dicha proteína podrían lograrse avances significativos en el combate de la enfermedad. Y en ese objetivo se embarcaron.

El producto que descubrimos se pega e inhibe la actividad de la proteína, que es indispensable para la sobrevida de la célula cancerosa. Cuando este compuesto lo hace, la célula pierde sus capacidades de defensa y automáticamente muere”, explica a Página 12 el líder del proyecto, que trabaja en el Centro de Investigación en Cancerología de Marsella. Y continúa: “Saber en cuánto tiempo tendremos una droga disponible es algo muy difícil de responder porque la célula cancerosa pancreática tiene la particularidad de ser extremadamente resistente. Nosotros ya hemos descubierto cuál es el mecanismo más importante que explica esa resistencia y eso no es poca cosa”, sostiene.

¿En qué consiste el avance?

A partir de cultivos celulares en laboratorio y modelos animales, estudiaron de qué manera la proteína se desempeña como regulador que promueve la supervivencia y resistencia de las células tumorales pancreáticas a los tratamientos convencionales. Así fue cómo, luego de estudiar las características de 10 mil opciones, pusieron a prueba un novedoso compuesto (al que llamaron LZX-2-73) que impide que la proteína pueda desarrollar su trabajo de manera habitual. En esta fase, la droga logró reducir significativamente el crecimiento tumoral, inhibir la metástasis y aumentar la sensibilidad a quimioterápicos que habitualmente se utilizan en la terapia contra el cáncer, como la gemcitabina.

“Los ensayos siempre empiezan por animales. Los modelos son los que nos dan la pauta de la especificidad, la capacidad y la eficacia del medicamento que uno encuentra. Luego, según la disponibilidad y capacidad de esos modelos, uno va tomando confianza en el compuesto, y se trata de conseguir las autorizaciones para seguir con las pruebas en humanos”, expresa Iovanna.

Asimismo, advirtieron que el compuesto posee un perfil de toxicidad manejable, algo fundamental en las drogas para tratar esta enfermedad. “En el presente, cuando el tumor tiene un tamaño chico, en general se opta por operarlo. Los pacientes que pueden ser intervenidos quirúrgicamente son aquellos que tienen mejores chances de sobrevida. En cambio, cuando el tumor es más grande o hizo metástasis, las alternativas se relacionan con la quimioterapia. Se consigue prolongar la sobrevida, pero en raras ocasiones se consigue curar los tumores”, detalla Iovanna.

De cara al futuro, la quimioterapia se combinará cada vez con mayor recurrencia con esquemas innovadores que provienen de la oncología molecular. Tratamientos mejor calibrados que se dirigen de manera específica al organismo y se ajustan a las necesidades de cada paciente. De hecho, se multiplican en el mundo los abordajes basados en ARN mensajero, terapias moleculares, intervenciones metabólicas e, incluso, comienzan a tener protagonismo aquellos esquemas basados en inteligencia artificial.

Una red para articular esfuerzos

La Red Franco-Argentina para el Estudio del Cáncer de Páncreas surgió para dar respuesta a un problema de salud pública global. Fue creada por científicos y médicos de ambas naciones, con el objetivo de mejorar el porvenir de aquellos pacientes que afrontan la afección. Frente a la complejidad de la enfermedad es necesario un enfoque integral. De aquí la realización de una investigación interdisciplinaria, que pusiera en marcha estrategias terapéuticas disruptivas.

Juan Garona, representante de la Unidad de Investigaciones Biomédicas en Cáncer del Hospital “El Cruce” e integrante del Centro de Oncología Molecular y Traslacional de la Universidad Nacional de Quilmes, destaca la importancia de la articulación: “Habernos integrado a esta Red y empezar a colaborar permite el acceso a expertos a nivel internacional en la temática, abre la puerta a colaboraciones nacionales e internacionales, herramientas de financiamiento, conocimiento y recursos que, si uno trabaja solo, no tiene disponibles. Por lo tanto, este tipo de propuestas consolida las líneas de investigación en cáncer pancreático que tenemos tanto en el Hospital como en la Universidad”.

La Red es patrocinada por organismos franceses de ciencia y tecnología, como el Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina, el CNRS (el equivalente al Conicet en Francia), el Centro de Investigación en Cancerología de Marsella y el Instituto de Salud Oncológica “Paoli Calmettes”. De parte de Argentina, recibe el apoyo del Conicet, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional Arturo Jauretche, la Embajada de Francia en Argentina y el Hospital de alta complejidad El Cruce.

Como premisa, no solo buscan desarrollar avances científicos capaces de traducirse en estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento, sino que también se proponen beneficiar a las poblaciones a partir de evidencias para políticas públicas sanitarias. Básicamente, que los conocimientos científicos y los hallazgos que de allí derivan puedan ser accesibles a los sectores más desfavorecidos. 

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