30 de mayo de 2026

Colinental

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Con ley y sin respeto

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Esta semana se cumplieron 15 años de la Ley 26.618, que habilitó el matrimonio igualitario. Es inevitable sentir un inmenso orgullo por nuestro país, que fue el primero en Latinoamérica en sancionar una ley de vanguardia como esta. La conmemoración no solo debe servir para recordar semejante logro y festejar, también tiene que obligarnos a seguir haciéndonos preguntas. ¿Cómo cambió la sociedad argentina en términos de derechos LGBTIQ+ desde la aprobación de la ley? ¿Qué avances se lograron en la aceptación y visibilidad de las personas LGBTIQ+ en estos 15 años? ¿Qué desafíos seguimos enfrentando? ¿Qué metas son posibles en el futuro en nuestro país teniendo en cuenta la situación actual?

A veces, me parece un tiempo viejo, dejado atrás: pensar que hace 15 años en Argentina, las parejas del mismo sexo no tenían la posibilidad de sellar su amor ante la ley. No tiene que ver solo con la cuestión formal o legal. Va más allá. Nuestros vínculos amorosos no estaban permitidos. Invisibilizadas y no reconocidas: así vivían las parejas LGBT. En oposición a esta negación o humillación surgió la palabra “orgullo”.

Otras veces, cuando caigo en este presente, siento que ese pasado está detrás nuestro a un solo movimiento de distancia, respirándonos en la nuca. Así lo viví cuando leí la noticia sobre el ataque al diputado Esteban Paulón. Paradójicamente, en el mismo mes del orgullo, Paulón fue víctima de expresiones de odio de parte de integrantes de La Misa, en el canal de streaming libertario Carajo. Las agresiones referidas a Paulón hicieron eje en una supuesta conexión entre homosexualidad y pedofilia. La violencia es tal que en el programa, uno de sus integrantes expresó deseos de que contrajera SIDA. Y el resto se reía.

El diputado habló sobre este desagradable episodio y agradeció el apoyo trasversal que recibió en los últimos días. En ese marco, la comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara baja avanzó con la firma de un dictamen favorable al proyecto de declaración en repudio a los ataques homofóbicos. En sus declaraciones, Paulón se refirió a esa mayoría de bloque que entendieron que el hostigamiento, el acoso, la violencia política no son ni la forma ni la vía. En su descargo, repasó la dinámica de este modo de ataque que ya todxs conocemos: se arremete contra alguien por sus opiniones políticas, pero se utiliza el vector de la orientación sexual vinculándola con la pedofilia. Es la maniobra clásica de la gente que no puede construir argumentos y entonces agrede o descalifica. Cuando no alcanza, se inventa. Podría decir que es un recurso infantil, pero los niñxs no son tan crueles.

Hubiera sido fantástico contar con el apoyo de todos los bloques en el repudio: ese es el mensaje contundente que necesitan estos violentos. Sus mensajes de odio no son ingenuos y no solo buscan dañar a un diputado. Lastiman y ensucian a toda una comunidad que no tiene la misma posibilidad de defenderse. Estamos viviendo la mayor precariedad intelectual de los últimos años: si una parte de la sociedad se identifica con gente que para defender sus ideas, recurre a algo tan rastrero, es porque caímos muy bajo.

Resulta incomprensible, absurdo, injusto este presente cruel después de tantos años de lucha y reparación. ¿Qué pensaría Carlos Jáuregui si estuviera vivo sobre el clima de esta época? ¡Tantos años de acciones para retroceder cuarenta años en un soplo! ¿De qué sirve una ley, si no hay respeto?

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