25 de mayo de 2026

Colinental

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Consumir lo básico cuesta deuda

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Casi la mitad de los argentinos utiliza la tarjeta de crédito para realizar compras en supermercados. Un estudio del Centro de Estudios Regionales y Aplicados (CentroRA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA registró que el uso de la tarjeta para la adquisición de alimentos pasó del 39 por ciento en diciembre de 2023 al 46 por ciento en mayo de 2025. En ese mismo período, el uso de la tarjeta de débito cayó del 34 al 27 por ciento, mientras que el efectivo disminuyó del 20 al 16. Este cambio en los medios de pago refleja que cada vez más familias recurren al crédito para sostener su consumo básico, en un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo y las dificultades para equilibrar el presupuesto familiar.

Esta tendencia indica que una proporción creciente de los hogares estaría apelando al endeudamiento para cubrir consumos básicos mensuales, como alimentos, productos de higiene y artículos de primera necesidad, dejando en evidencia la pérdida real del poder adquisitivo.

Esto se da en un contexto de contracción de la economía en general. Según los datos de mayo de 2025, las ventas de supermercados mayoristas se redujeron cerca de un 5 por ciento en términos interanuales, a pesar de registrar un leve aumento mensual inferior al 1 por ciento. En el caso de los supermercados minoristas, se observó un incremento interanual del 6,1 por ciento, aunque con una caída mensual del 1,2 por ciento respecto al mes anterior. En igual período, las ventas mayoristas se ubicaron aproximadamente un 34 por ciento por debajo del nivel registrado al inicio de la gestión de Milei, mientras que las ventas en supermercados permanecieron en torno al 28 por ciento por debajo. Luego de 29 meses de Gobierno, el nivel de ventas tanto en mayoristas como en supermercados no logró recuperar los valores registrados al comienzo del mandato.

La situación empeora en el análisis de las caídas acumuladas. Aunque se registró un crecimiento sostenido en las ventas de supermercados durante cinco meses consecutivos, este no fue suficiente para compensar la retracción de cerca del 10 por ciento desde el inicio de la gestión libertaria hasta enero de 2025. En supermercados se desplomó 7 por ciento y en mayoristas 19 por ciento. Esta diferencia entre mayoristas y minoristas podría reflejar un proceso de desacumulación de stocks por parte de los supermercados, que estarían vendiendo mercadería adquirida en períodos anteriores sin reponerla mediante compras mayoristas.

Los datos reflejan una situación aún delicada en términos de consumo masivo. Si bien las ventas en supermercados mostraron leves signos de recuperación en los últimos meses, la demanda aún no logra alcanzar los niveles previos a diciembre de 2023. La persistente contracción de las ventas mayoristas, sumada al aumento del financiamiento para la compra de bienes básicos, sugiere que el consumo se sostiene parcialmente a través de mecanismos de endeudamiento en un contexto de pérdida de ingresos y elevada incertidumbre económica. Estos elementos, en conjunto, evidencian las dificultades que enfrenta el mercado interno para consolidar una recuperación estable y sostenida.

La creciente dependencia del crédito para satisfacer necesidades básicas implica que muchas familias destinan parte de sus ingresos futuros para saldar consumos ya realizados, reduciendo de este modo su margen de maniobra ante imprevistos o aumentos en los precios. La acumulación de deuda para gastos cotidianos representa un riesgo para la sustentabilidad financiera de los hogares y puede profundizar la vulnerabilidad social en un contexto económico complejo, donde la inflación y las tasas de interés continúan siendo elevadas.

Este fenómeno se da, además, en un contexto de incremento en los niveles de morosidad en general. Según el Banco Central, en mayo de 2025 el ratio de irregularidad del crédito al sector privado alcanzó 2,6 por ciento, lo que representa 0,4 puntos por encima de abril y un aumento notable respecto al 1,9 por ciento registrado en mayo de 2024. En particular, en el caso de los hogares, la mora escaló de 2,8 a 4,5 por ciento en un año, mientras que en las empresas se mantuvo estable en torno al 1 por ciento.

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