Eran los tiempos del comisario Evaristo Meneses, el legendario jefe de Robos y Hurtos de la Federal. Tiempos en que el diario Crítica agotaba ediciones con casos policiales escritos con sangre. Tiempos de ajustes de cuentas, de «buchones», de asaltos llenos de plomo. Tiempos violentos, en fin, que ni el propio Quentin Tarantino podría haber imaginado.
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