23 de junio de 2026

Colinental

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Los espacios de los chacales

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La reciente visita del Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, emocionó fuertemente a Javier Milei. Fue así que luego que el funcionario se retirara para regresar a su país (la visita duró menos de 12 horas), el presidente acompañado por el ministro Caputo y su círculo cercano, cruzaron a pie hasta la sede del Ministerio de Economía. Allí se abrazaron, saltaron y entonaron una canción a ritmo de cancha de fútbol especialmente diseñada para ese momento de júbilo. Las imágenes de la escena fueron editadas y subidas a las redes por un cineasta que acompaña al gobierno. A su vez, la fotografía del pogo presidencial fue publicada por el propio Milei en su sitio de X con el título “Se festeja como lloran los kukas”. Simultáneamente, el baile libertario con el estribillo “Mandril decime qué se siente, que el cepo llegó a su final”, se difundía en los sitios previamente pautados.

La euforia descripta ante una visita que no hizo anuncios, contrasta fuertemente con el estado de ánimo que mostraban dos días antes el presidente y su gabinete, cuando por cadena nacional, anunciaba el nuevo acuerdo con el FMI. Así, en un discurso grabado, que requirió numerosos cortes de edición por errores de lectura, la imagen del presidente con la de los adustos rostros ministeriales a su espalda, causó real asombro.

En ella, Milei se mostró serio y dubitativo omitiendo deliberadamente su cierre con: Viva La libertad, carajo! Se lo vio lejano de aquel personaje excéntrico y disruptivo que prometía milagros a través de un perfil instalado por las nuevas formas de comunicación. Atrás quedaron sus apariciones llorando en el muro de los lamentos o bailando feliz mientras era llevado en andas por religiosos ortodoxos en el corazón mismo de Jerusalén. Escenas todas que hoy, apenas un año después, provocan sensaciones extrañas frente a la cruda realidad que se vive en el país.

Se trata del pasaje de momentos de tristeza profunda a euforia exultante de los que cuesta desentrañar si su origen es genuino o sólo se trata de la ficción de un fraude sin precedentes en nuestro país que está dejando un trágico tendal.

Tal vez por esas contradicciones intrigantes, cada día son más los imitadores de Milei en la televisión de distintos países que lo ridiculizan blandiendo una motosierra e insultando y agrediendo en los idiomas más variados. El rasgo más destacado del hilo argumental de esas burlas, es el desprecio con que el personaje copiado se refiere a los sectores vulnerables de la población. Ello por cuanto la crueldad de sus decisiones cotidianas le quitó cualquier gracia posible a su gestualidad. Y en ese sentido, si bien las alertas sobre la magnitud de su maldad habían sido activadas desde que ocupara una banca como diputado, sus pares no le prestaron la debida atención. Tal vez no pensaron nunca que ese novedoso personaje podría llegar algún día a instalarse en la casa de gobierno.

Al respecto, es bueno recordar que el 24 de noviembre de 2022 se votaba en la Cámara de Diputados un proyecto para evitar la muerte de bebés debido a cardiopatías congénitas. Según informa el Hospital Garrahan, las cardiopatías congénitas son una de las malformaciones más comunes en los recién nacidos, la principal causa de muerte en menores de un año y la segunda causa de muerte en la infancia. Sin embargo, el 95 por ciento de los pacientes que reciben tratamiento oportuno pueden mejorar su pronóstico y calidad de vida. Precisamente ese era el objeto del proyecto que se votaba.

Insólitamente y ante el estupor de los legisladores presentes, Javier Milei votó en contra. Preguntado en una entrevista televisiva sobre la razón de semejante decisión, dijo que fue “Porque implicaba más presencia del Estado interfiriendo en la vida de los individuos y además, implicaba más gasto” (SIC). Agregó que ese proyecto iba en contra del “ideario liberal” (1).

Ese día, Javier Milei, sin filtro alguno, hizo pública su oposición a una norma concebida y propuesta para evitar la muerte de niños que padecen una grave enfermedad. Así, a la hora de votar, 209 diputadas y diputados levantaron su mano a favor mientras que sólo dos (Victoria Villarruel acompañó la negativa) lo hicieron en contra.

Lo asombroso de la decisión así como el fundamento esgrimido sugieren investigar aunque sea en un breve recorrido por la historia de los últimos cien años, algún antecedente de esas características. En ese trayecto, la información se detiene en la Alemania de 1939.

Ese año, bajo el régimen de Adolfo Hitler, se desarrolló un programa de “Eutanasia infantil” luego extendido a adultos, conocido como Aktion T4. Se trató inicialmente de una operación secreta de asesinatos dirigidos a niños discapacitados bajo la dirección de Philipp Bouhler, el director de la cancillería privada de Hitler, y Karl Brandt, su médico de cabecera. Se basaba en la superioridad de “la raza aria” y su meta era eliminar lo que los nazis consideraban “vidas que no vale la pena vivir”.

Volviendo a nuestro país en el siglo XXI, se puede afirmar que quien considera que legislar para prevenir muertes infantiles está interferiendo en la vida de los individuos y que además, eso implica un gasto innecesario para el Estado, no puede ocupar ni permanecer en ningún cargo público. Esa afirmación va en sintonía con que unos meses antes, Javier Milei, en la Feria del Libro de la ciudad de Buenos Aires se describió públicamente como un hombre “blanco y rubio de ojos celestes” [sic], y agregó: “No voy a pedir perdón por tener pene” [sic] (2).

Esa descripción en sus propias palabras, en la que se define como supremacista blanco y misógino, permite comprender muchas de sus actitudes como así́ también la dimensión del peligro social que su figura representaba ya en el año 2022. Sucede que probablemente, como se dijo, la dirigencia política parlamentaria no lo consideró un potencial presidenciable y mucho menos con posibilidades de llegar a ocupar la primera magistratura de la nación. El tiempo y la fortuna invertida por los detentadores del poder real que lo impulsaron, desnudaron esa imprevisión.

Un año después, en un fatídico 10 de diciembre de 2023 Javier Milei recibía el bastón de mando con la imagen en plata de sus cinco perros.

A partir de esa fecha, cada una de las medidas tomadas por su gobierno, han impactado de manera directa en los sectores más frágiles de la población causando estragos inimaginables. Desde la negativa a entregar medicamentos a pacientes oncológicos hasta la retención de millones de kilos de alimentos, la intención de causar el mayor daño posible se ha vuelto cada día más explícita.

En ese trayecto, el desmantelamiento de toda estructura creada para garantizar la vigencia de los DDHH, resulta exhibido con sonrisas de perverso goce por los funcionarios responsables. Así, el vocero presidencial al anunciar la disolución del INADI o el cierre del ministerio de la mujer. En el mismo sentido, el ministro de Justicia vociferó en el Senado de la nación: “Vamos a desterrar la ideología de genero de la justicia”. Todas elocuentes muestras de que la intención de dañar no es producto del azar. Por el contrario, es el resultado de un plan de destrucción física y emocional de aquellos seres humanos que el gobierno libertario considera cucarachas, ratas o simplemente portadores de vidas que no merecen ser vividas.

Al respecto, el propio Milei fue contundente cuando, unos años antes, anticipó a los gritos: “No sólo somos superiores en lo productivo, ¡somos superiores en lo moral, somos superiores en lo estético!”. Y culminó su arenga con lo siguiente: “¡Zurdos hijos de puta, tiemblen!”. (3)

Los espacios de la maldad

Tanto los funcionarios citados como el resto del grupo de personajes que rodean a Milei poseen rasgos comunes de personalidad en lo que a malicia se refiere. Ello es lógico por cuanto nadie que tenga un mínimo de empatía, pudor y sensibilidad por el dolor ajeno, podría aceptar una convocatoria de alguien como el presidente de la nación. Mucho menos participar y convalidar la política de destrucción que encabeza.

Javier Milei y su runfla transitan la vida dañando al prójimo y gozando con el mal que producen. No sienten culpa ni vergüenza alguna. Ocupan espacios de poder en medio de una comunidad política que hasta ahora los ha tolerado con un nivel de ingenuidad que suele costar caro. En realidad quienes lo pagan son los integrantes de los sectores de mayor vulnerabilidad social. Adultos mayores apaleados, sin medicamentos y con hambre, mujeres violentadas, niñes en la indigencia y madres y padres sin trabajo, con la infinita angustia de la impotencia y la incertidumbre.

Hoy los chacales están en el corazón mismo del poder, en los pasillos de la casa de gobierno, saliendo a los balcones de la rosada y saludando a nadie.

Al respecto, si bien es cierto que en todas las sociedades han existido y existen seres perversos que disfrutan con el sufrimiento ajeno, los espacios que ocupan son siempre inversamente proporcionales a los que habitan el resto de los ciudadanos. Es decir, cuanto mayor es el espacio que llenan unos, menor es el de los otros.

Ahí radica tal vez el mayor desafío de la actividad política de hoy que es el de achicar los espacios de los chacales reduciéndolos al mínimo posible. Simultáneamente, desenmascarándolos y haciendo que respondan ante la justicia por cada herida que han causado, cada dolor que han infligido y cada estafa que han protagonizado.

(1) Solo Una Vuelta Más por Todo Noticias (TN) 27/11/2022.

(2) Entrevista de Viviana Canosa a Javier Milei el 14 de mayo de 2022, en la Feria del Libro de Buenos Aires.

(3) Auditorio Belgrano, 14/3/2019, Centro de Estudios Cruz del Sur.

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