17 de mayo de 2026

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Nobel de Medicina: "La expectativa es mejorar el manejo de las enfermedades autoinmunes"

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Este lunes comenzó la entrega de los premios Nobel y Mary Brunkow, Fred Ramsdell (ambos estadounidenses) y Shimon Sakaguchi (japonés) recibieron el de Medicina. Sus aportes fueron cruciales al develar cuál es el rol de las células T reguladoras, es decir, las responsables de evitar que el sistema inmune ataque a los propios pacientes. De hecho, el Instituto Karolinska de Estocolmo resumió la contribución de los tres investigadores en una frase: “Fueron los descubridores de los guardias de seguridad del sistema inmune”. Así, los avances que realizaron abrieron una ventana al diseño de nuevos tratamientos para el cáncer y enfermedades autoinmunes.

“Sus hallazgos han sido fundamentales para nuestra comprensión del funcionamiento del sistema inmune y por qué no todos los humanos desarrollamos enfermedades autoinmunes”, dijo Olle Kämpe, miembro del jurado, sobre los científicos distinguidos. Entre los tres, se llevarán 11 millones de coronas suecas (el equivalente a 1,2 millones de dólares), una medalla de oro entregada por el rey de Suecia y, quizás algo más intangible, pero no por ello menos importante: la consagración como figuras internacionales en el campo de la investigación científica aplicada a la medicina.

De todos los sistemas que configuran el organismo humano, el inmunológico, probablemente, sea uno de los que más misterios encierran. Sencillamente, ese conjunto de mecanismos que debe servir para proteger al cuerpo de cualquier anomalía –como pueden ser tumores, virus, parásitos, etc.– a veces no funciona como todos esperarían. Bajo esta premisa, para prevenir que las defensas ataquen al propio organismo actúan unos agentes muy peculiares: las células T reguladoras.

Daniel Alonso, investigador del Conicet y referente del Centro de Oncología Molecular y Traslacional (COMTra) de la Universidad Nacional de Quilmes, señala a Página 12: “Este nuevo reconocimiento a investigadores del campo de la inmunología pone en foco los nuevos conocimientos para entender cómo se regula la tolerancia inmunológica. Esto es, cómo nuestro sistema inmune puede atacar lo extraño, pero al mismo tiempo respetar lo propio. La expectativa es que todos estos conocimientos impacten en un mejor manejo de las enfermedades autoinmunes”. Como dice Alonso, saber qué atacar y qué defender no es tarea fácil, porque precisamente muchos patógenos, a lo largo de la evolución, aprendieron a camuflarse con excelencia.

Colaboraciones virtuosas

Quien efectivamente dio el primer paso a mediados de los 90 fue Sakaguchi (74 años, investigador de la Universidad Osaka), al identificar y lograr aislar a las células T reguladoras. De hecho, son las que modulan el sistema de defensas y las encargadas de proteger al organismo de las enfermedades autoinmunes (precisamente las que se desencadenan por el ataque erróneo del sistema inmunológico a regiones sanas).

Por su parte, Brunkow (61 años, Universidad de Princeton, EE.UU.) y Ramsdell (60 años, Universidad de California, EE.UU.) realizaron sus contribuciones a partir del estudio del gen Foxp3 y su vínculo con las enfermedades autoinmunes. Sus estudios en roedores demostraron cómo la mutación de ese gen era la responsable de provocarles a los ratones una afección autoinmune hereditaria. Luego, tras esta comprobación, advirtieron que los cambios en Foxp3 también provocan dolencias autoinmunes en personas (como puede ser la enfermedad genética “IPEX”).

¿Cómo cierra el círculo? Básicamente, los aportes de Sakaguchi se combinaron con los de Brunkow y Ramsdell y, de esta manera, años después fue posible aventurar que ese gen era el que comandaba la producción de células T reguladoras. A partir de sus hallazgos, la ciencia brinda nuevas pistas para poder desarrollar terapias para el combate del cáncer, las enfermedades autoinmunes, así como también, para la puesta en marcha de estrategias innovadoras con el fin de evitar el rechazo de órganos durante los trasplantes.

Una enfermedad en agenda

Que el cáncer está en agenda no es ninguna novedad. En efecto, se calcula que provoca 10 millones de fallecimientos al año. Lo que aún significa más, desafortunadamente, no se irá rápidamente de la parrilla informativa: se estima que, hacia 2050, la carga mundial de la enfermedad podría traducirse en 30 millones de casos nuevos. Al menos, así lo considera la Organización Panamericana de la Salud.

A pesar de la mala noticia, la buena es que la ciencia de primer nivel mundial sigue concentrando sus esfuerzos en su combate. En 2018, el Premio Nobel en Medicina había sido para James Allison y Tasuku Honjo “por sus descubrimientos en terapias para combatir el cáncer». En concreto, ambos especialistas habían sido galardonados por sus estudios en proteínas que actúan como “frenos” e impiden que el sistema inmunológico de los pacientes se defienda con eficacia de los tumores. La virtud de sus hallazgos, en efecto, residía en el descubrimiento de los mecanismos que liberan a las defensas del cuerpo para combatir a las células malignas.

Al respecto, Alonso completa con un dato que sirve para comparar el galardón de 2018 y este de 2025. “En el Nobel 2018 se reconoció a investigadores que abrieron la puerta a entender los ‘puntos de control’ inmunológicos, verdaderos ‘frenos de mano’ que activan los tumores para bloquear la respuesta inmune contra el cáncer. Ahora se podrá manejar mejor la ‘sintonía fina’ de la inmunidad para evitar las respuestas autoinmunes. Valga la metáfora automovilística: regular el freno del pedal y el control de velocidad crucero”.

La semana sigue cargada y luego de la comunicación de los premiados en Medicina, le seguirán los Nobel de Física y el de Química. El miércoles, por tanto, cerrará la entrega del tridente de premios netamente científicos. Luego, quedará para los próximos días la difusión del de Literatura, el de la Paz y el de Economía.  

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