La familia de Diego Fernández Lima, el adolescente que fue asesinado en 1984 y cuyos huesos fueron hallados en mayo de este año en una casa de Coghlan, solicitaron revisar con un georradar el jardín de la vivienda de Cristian Graf para encontrar más restos humanos.
Pese a que la causa prescribió hace décadas, la investigación para “dar respuestas” sobre qué pasó con el menor avanza y Javier Fernández, hermano de la víctima, confirmó que, como querella, pidieron revisar con un georradar el jardín de los Graf. A su vez, ante la Justicia realizaron la solicitud de diez medidas de prueba.
Los abogados Tomás Brady y Hugo Wortman Jofre, representantes legales de los seres queridos del damnificado, pidieron que se concreten entrevistas a vecinos para tener conocimiento de la familia Graf y la elaboración de un informe socioambiental de los integrantes del grupo familiar que residen o vivieron en el chalet de la avenida Congreso al 3700.
A su vez, los letrados peticionaron al magistrado interviniente que se interrogue al Gobierno de la Ciudad si posee registros de que en la vivienda del barrio porteño de Coghlan hubo un comercio habilitado, que se pida el catastro de toda la manzana con las titularidades pertinentes, así como también la reiteración de copias de los planos completos del inmueble y las distintas imágenes satelitales.
Con respecto al principal sospechoso, Cristian Graf, los abogados pretenden saber si se encuentra legalmente separado de su primera mujer, con quien tuvo tres hijos, a raíz de que ese dato no figura en el escrito, mientras que requirieron el rescate del alambrado y los postes que formaban parte de la medianera a fin de constatar si fue construida tras el extravío de Diego ocurrido en 1984.
Otra de las medidas de prueba que presentaron los particulares damnificados se vincula con el rastreo de IMEI para corroborar quien llamó al 911 para alertar sobre el hallazgo de los restos óseos.
Norberto Cristian Graf es el único imputado en la causa por el delito de encubrimiento agravado. De 58 años, egresó de la Escuela Nacional de Educación Técnica 36 de Saavedra (ENET Nº36), y fue compañero de clase de Diego al momento de su desaparición. Todavía vive en la casa donde se encontraron los huesos de quien se descubrió que había sido víctima de un asesinato a los 16 años. Unos ex compañeros de clase de Fernández Lima aseguraron que ellos dos eran «amigos», y que tenían un gusto en común por las motos.
Desde que se desenterraron los restos óseos, Graf quedó imputado por el delito de encubrimiento agravado en concurso ideal con supresión de evidencia. La razón del fiscal era que el acusado presentó actitudes omisivas y temerosas, además de conferir mentiras y contradicciones tendientes a entorpecer la investigación, una vez que los obreros encontraron los huesos en el límite entre el terreno donde ellos trabajaban y el chalet contiguo, una ligustrina que fungía de medianera vegetal. Graf insistió en una entrevista que Diego nunca había visitado su casa: “No éramos amigos«. Remarcó que lo «único» que lo vincula con la víctima es el haber compartido «un año» del secundario en la Escuela Nacional de Educación Técnica 36 de Saavedra. Y aclaró: «yo no lo recuerdo a él; no me vinculaba con los chicos del colegio«.

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