“Al final no habrá ganadores ni perdedores, sino vivos y muertos”, publicó en su cuenta de X el presunto femicida Pablo Laurta en marzo de 2024. Un año y medio después, Laurta era detenido por el asesinato de su ex pareja, Luna Giardina, su ex suegra, Mariel Zamudio, el conductor del remis en el que escapó a Entre Ríos para fugarse al Uruguay, Martín S. Palacios, y el secuestro de su hijo.
Unos años antes, en 2018, Agustín Laje saludaba a través de un video a la organización Varones Unidos, fundada por Laurta, quien lo había invitado como orador destacado a una actividad en Montevideo, e invitaba a sus miembros a que “sigan adelante con esta cruzada que nos es común contra la ideología de género”. Laje es el Director Ejecutivo de la Fundación Faro, think tank libertario dedicado a la “batalla cultural” contra el feminismo y el “lobby LGBT”, que también recauda fondos para La Libertad Avanza, el partido político del Presidente Javier Milei. A Laje se le atribuye el nefasto discurso de Milei en Davos donde trató a las mujeres que abortan de asesinas y a los homosexuales de pedófilos. Entre las principales “batallas” de Laje se encuentra su “cruzada” contra el aborto legal, las infancias trans y las supuestas “denuncias falsas” por violencia de género y abuso sexual infantil.
La tónica belicista de la discursividad de Laurta y Laje es parte fundamental de su “cruzada” común contra la “ideología de género”. Se autoperciben como soldados de una guerra santa cuyo capítulo principal es la “batalla cultural” contra el feminismo (o las mujeres) y el “lobby LGBTI” (o las personas LGBTI). En este sentido, su discursividad se construye desde una oposición excluyente y violenta que sólo puede tener un resultado: la vida o la muerte.
Comienzo la columna con esta reflexión porque el señalamiento de la vinculación entre el presunto femicida Pablo Laurta y Agustín Laje, entre otros referentes libertarios, lejos está de constituir una chicana. No hay espacio para estas mezquindades cuando lo que estamos analizando son las causas estructurales de los femicidios.
Por el contrario, lo que estamos diciendo es que hace algunos años comenzó a crecer la difusión de discursos de odio contra las mujeres y las personas LGBTI, propagados por determinados actores a través de las redes sociales. También estamos diciendo que desde que Milei es Presidente, estos discursos de odio se institucionalizaron, es decir, empezaron a ser difundidos y legitimados por el propio Estado, masificándose y alcanzando a los medios de comunicación hegemónicos. Y, finalmente, lo que estamos diciendo es que estos discursos de odio tienen consecuencias materiales en las vidas de las mujeres y las personas LGBTI, ya que no se limitan al plano de lo simbólico, sino que se traducen en formas concretas de violencia física, psicológica, económica y política.
¿Es relevante que el presunto femicida Pablo Laurta sea libertario? Cualquier ideología supremacista, ya sea racista, xenófoba o misógina, es desde ya violenta en tanto no reconoce como sujetos de derecho a determinadas personas, es decir, deshumaniza a determinados grupos sociales, reales o imaginarios, proponiendo un orden social donde no todas las vidas valen (igual). Lo que nos lleva a la pregunta acerca de si la ideología libertaria es o no una ideología supremacista. Desarrollar esta cuestión excedería los límites de la presente columna si nos resistimos a caer en reduccionismos inútiles. Sin embargo, el caso de Laurta resulta ilustrativo para explicar las consecuencias de los discursos de odio, sobre todo cuando son avalados o promovidos por el Estado.
Laurta construyó su caso como un leading case en el ámbito de su organización Varones Unidos. Sostenía que las denuncias de su (ex) pareja eran falsas. De hecho, las “falsas denuncias” por violencia de género y abuso sexual infantil constituían la principal agenda de la organización de Laurta. Luna lo había denunciado en octubre de 2023 por violencia física, psicológica y económica. En la denuncia decía lo siguiente:
“Desde que comenzamos la relación, me manipula y me obliga a hacer cosas que yo no quiero, como tener relaciones sexuales cuando yo no quería, a ir a Uruguay cuando yo no quería, no me dejaba tener redes sociales, no me dejaba tener celular y no me dejaba trabajar. Lo que más miedo y temor me genera es que hace pocas horas ha publicado en la red social Twitter, a través de la cuenta de su organización ‘VARONES UNIDOS’ que él administra, una noticia de Brasil, en la que un hombre asesinó a su ex pareja, luego de concretarse el divorcio, y en respuesta a esa publicación el respondió: ‘LO SORPRENDENTE ES QUE ESOS DESENLACES NO SEAN TODAVÍA MÁS COMUNES Y QUE HAYA DESPISTADOS QUE TODAVÍA SE SIGAN CASANDO’”.
Por los mismos días, también en octubre de 2023, Milei sostuvo en el debate presidencial que los femicidios no existían y que debían ser abordados como cualquier otro homicidio, sin contemplar la asimetría de poder entre varones y mujeres y el contexto de violencia de género en el que se ejecutan estos crímenes. Y, desde que asumió el Gobierno, puso en el centro de la agenda de su administración la cuestión de las supuestas “falsas denuncias” de violencia de género y abuso sexual infantil. Tal es así, que el Ministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona y la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich –quien además es seguidora del presunto femicida Laurta en la red social X– fogonearon esta agenda desde el Poder Ejecutivo, mientras la senadora del PRO, aliada al Gobierno, Carolina Losada presentó un proyecto de ley para aumentar las penas por las supuestas “falsas denuncias”.
Este es el contexto político en el que Luna presentó la denuncia por violencia de género y luego fue asesinada junto a su madre. No sé si importa que Laurta sea libertario. Lo que sí importa es que el Presidente y sus funcionarios avalaron una y otra vez desde el Estado el discurso del agresor y presunto femicida legitimando sus conductas. Lo que sí importa son las vidas de Luna, Mariel y Martín. Lo que sí importa, en definitiva, es que el Gobierno deje atrás su retórica de odio que una vez más deja a un niño huérfano y dos familias destruidas.
*Diputada Unión por la Patria

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