La caída del consumo provocada por la política económica de Javier Milei impacta de lleno en la actividad industrial, con graves consecuencias para la producción y el empleo. El 43,5 por ciento de las empresas reportó bajas en las ventas; el 36,3 por ciento redujo su producción respecto al promedio del segundo trimestre del año y el 30,5 por ciento advirtió sobre la retracción de las exportaciones.
Los datos, que se desprenden de la encuesta de la Unión Industrial Argentina (UIA), encienden las alertas sobre inminentes cierres y despidos. El 24,4 por ciento de las encuestadas advirtió que se vio obligada a reducir la plantilla de trabajadores: se trata del número más alto de la serie y similar al de abril de 2024, cuando la economía transitaba la incertidumbre del esquema que llevaba a cabo el Ejecutivo recientemente asumido.
En los últimos cuatro trimestres, la tendencia a reducir la dotación de personal venía al alza: este último reporte reveló que el 19,4 por ciento implementó el cese laboral directo, mientras el 18,9 por ciento de las firmas se dedicó a ajustar los turnos para capear el temporal sin llegar a ampliar la lista de desocupados.
El Monitor de Desempeño Industrial (Índice MDI) de la UIA, anticipa la evolución de la actividad industrial. En julio se ubicó en 45,3 puntos y quedó “debajo del umbral de expansión por decimotercer relevamiento consecutivo. Si bien mejoró 1 punto frente a julio de 2024, se mantuvo estable en comparación al relevamiento pasado (tras la caída registrada en enero)”, detalla el informe.
Las principales variables sobre la actividad mostraron números negativos. Con la producción en retroceso y el consumo interno deprimido y el deterioro de las fuentes laborales registradas. Apenas el 18,6 por ciento de las compañías encuestadas alcanzó incrementos en las ventas; el 21,8 aumentó la producción y sólo 16,6 por ciento pudo mantener la cifra de exportación.
Preocupación central
El 40,1 por ciento de las empresas relevadas manifestó que la caída de la demanda interna se convirtió en el problema principal de la industria.
En segundo lugar se ubicó el aumento de costos (21,4 por ciento), con el laboral como principal factor, seguido por las dificultades para competir con productos importados (19 por ciento).
“Otra problemática que se señaló fue el contrabando: más de la mitad de las empresas advirtió un incremento en la oferta informal de productos similares a los suyos, y un 25% señaló que dicho aumento fue significativo”, indicó el reporte.
En este contexto, el 55,8 por ciento advirtió que funciona por debajo de su capacidad instalada: la mayoría no espera lograr el nivel óptimo hasta 2026.
La dificultades para conseguir financiamiento, debido a las elevadas tasas de interés que maneja el Gobierno nacional, complican la actividad y es otro de los puntos que remarca el sondeo sobre 787 empresas de todo el país.
El 39,6 por ciento de las que solicitaron crédito bancario no lograron obtener el monto total y el 66,1 por ciento no tuvo otra alternativa más que utilizar fondos propios para refinanciarse. Las pymes son las más perjudicadas, ya que no cuentan con ese «colchón» que les permita aguantar durante tanto tiempo la falta de acceso al préstamo de los bancos.
Incluyendo en el paquete a los salarios, el 44,1 por ciento de las empresas presenta atrasos en pagos como impuestos y servicios públicos.
Optimismo con cepo
Las expectativas se encuentran limitadas en esta etapa. El 48,6 por ciento espera mejoras para los próximos meses, mientras que en el informe anterior la cifra alcanzaba al 57,8 por ciento. «Se moderó el
optimismo hacia el futuro, con una menor
proporción de empresas que prevé mejoras en su
situación económica», afirmó el documento.
En su sector
de actividad (46,4 vs 52,2 por ciento) y a nivel país
(53,1 vs 64,3 por ciento): «Así, se observó una tendencia
decreciente en el último periodo», concluyó la UIA.

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