
Años de conducir trenes, reparar piezas de formaciones, limar, cortar y pulir dentro del subte porteño hicieron que Gustavo, Daniel, Horacio y Jorge estén entre los 86 trabajadores que presentaron enfermedades por estar expuestos al asbesto o amianto durante sus jornadas laborales, e incluso uno de ellos murió producto de un cáncer fulminante, por lo que hoy víctimas y familiares buscan que su testimonio «sirva para que no haya más enfermos» por esta sustancia.
Gustavo y su fibrosis pulmonar
Gustavo Villalba, de 51 años, trabajó 23 años en el subte y hace cinco se mudó a la localidad de La Reja, en el partido bonaerense de Moreno, para «cambiar el aire, en un lugar con mayor vegetación, y poder oxigenar toda la podredumbre aspirada durante tantos años».
Hasta el momento, 86 empleados del subte fueron afectados por el asbesto, de los cuales seis desarrollaron cáncer y dos fallecieron por esta enfermedad, a lo que se suma un trabajador jubilado que murió en 2020, aunque su muerte aún no fue reconocida por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo como vinculada al amianto, informó la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP).
Además, «una pasajera fue afectada y 2.150 trabajadores se encuentran bajo vigilancia médica», añadió el gremio.
Villalba ingresó a trabajar en la entonces empresa Metrovías (hoy Emova) en 1997 como boletero y en 2003 cambió de puesto para comenzar a estar en el sector de tráfico, primero como guarda y luego conductor de trenes en la línea B, tarea que mantuvo por casi 10 años.
Por la exposición al asbesto, fue notificado en marzo de 2020, recién comenzado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) por Covid-19, que presentaba asbestosis (fibrosis pulmonar).
«Como no me llamaban para darme la devolución, bajé el estudio y lo leí por mi cuenta. Lo leí a las 2 de la mañana y fue tremendo. Justo vi a un compañero del trabajo que estaba en línea todavía, entonces le mandé un mensaje: ‘¿Te puedo llamar? Me pasa esto’. Al otro día la médica me explicó todo», contó a esta agencia.
De aquel momento recordó: «Tuve pánico. Fue bastante movilizador. Había una calcificación en la pleura y cuando leí eso me asusté: pensé que me moría prácticamente».
Horacio y su neumoconiosis
Algo similar le ocurrió a Horacio Ortiz, quien trabajaba desde 1994 primero en el taller del subte bajo tierra de Once y luego en el de la estación Medalla Milagrosa, con «herrería, soldaduras, obras civiles, instalaciones fijas», contó.
A mediados de 2021 le informaron que tenía neumoconiosis por inhalación de asbesto, una enfermedad profesional que afecta los pulmones.
«A mí se me cayó el mundo abajo. Me había acompañado mi señora y se me derrumbó todo. No podía manejar. Psicológicamente me afectó un montón», dijo el hombre a Télam, quien desde ese momento no pudo volver a sus funciones laborales.
Ese año invitó a sus ex compañeros de trabajo a comer un asado en Marcos Paz, donde vive, y en ese momento se dio cuenta lo que significaba para él lo que le estaba ocurriendo, que lo mantenía lejos del trabajo.

«Cuando se fueron me puse a llorar tanto… hasta ahora se me caen las lágrimas. Porque son los compañeros de toda la vida. Vos pasás más tiempo con tus compañeros que con tu familia», recordó.
«Yo amo mi trabajo porque es lo que me dio de comer y me dio el bienestar siempre. Cumplí con él a rajatabla», dijo.
El secretario general de AGTSyP, Roberto Pianelli, advirtió que los más afectados por el asbesto «son los que trabajaban en talleres porque agarraban las piezas, las limpiaban con soplete, las pulían así como estaban, sin máscaras y estaban llenas de asbesto» y destacó que «el taller Rancagua donde se atendían a formaciones de la línea B es el que más afectados tiene».
Daniel y su cáncer
Daniel Fernández, de 58 años, también es un veterano del subte que trabajó desde 2004 hasta febrero de 2023, cuando se jubiló luego de haber sido oficial general de mantenimiento de material rodante, que lo llevó a armar y desarmar piezas en el taller Rancagua, del barrio porteño de Chacarita.
«La empresa siempre negó la presencia de este material (asbesto). Después de una larga lucha la empresa y la ART nos mandaron al Hospital Británico y ahí después de varios estudios me diagnosticaron el cáncer en agosto de 2019», contó a esta agencia el hombre que en noviembre pasado le practicaron una operación por su enfermedad que lo tuvo 8 horas en el quirófano.
«La exposición al asbesto hizo que me sacaran medio pulmón y que me jubilaran a los 58 años», compartió Fernández, quien espera que su testimonio «sirva para que los compañeros y las compañeras se sigan haciendo estudios y no haya más enfermos por asbesto».
Cáncer, fibrosis pulmonar y placas pleurales, entre las enfermedades que causa el asbesto
La exposición a fibras de asbesto puede traer enfermedades como distintos tipos de cánceres, fibrosis pulmonar, placas pleurales o alteraciones de la piel y se comprobó que «no hay cantidad mínima de fibras inhaladas para causar daño», informó el médico del trabajo y autor de la normativa que prohibió el asbesto en la Argentina, Eduardo Rodríguez.
La Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) clasifica al asbesto como cancerígeno 1A, que significa que es cancerígeno para seres humanos, y el riesgo extremo para la salud surge de la persistencia de fibras de este mineral dentro de los pulmones.
«Si hablamos de un cancerígeno como el amianto no hay umbral. Entonces, en teoría, con una fibra que ingresa al pulmón puede desarrollarse un cáncer el día de mañana», informó Rodríguez a Télam.
Por esta razón, el médico especialista en asbesto considera que no es pertinente el límite laboral que adoptó el Ministerio de Trabajo en 2003, cuando estableció como valor de concentración máxima permisible 0,1 fibras de amianto por centímetro cúbico de aire, valor que se utiliza hasta la actualidad ya que la normativa no volvió a revisarse desde entonces.
«Algunos países europeos como Francia ya bajaron ese valor de 0,1 a 0,01 fibras por centímetro cúbico de aire, valor que está en carpeta para aprobarse para toda la Unión Europea», señaló el médico especialista.
En este sentido, el Programa Internacional de Seguridad Química de Naciones Unidas establece que «la aparición de los efectos crónicos por exposición al asbesto son independientes de la dosis de exposición, siendo por lo tanto imposible establecer niveles de exposición seguros».
En tanto, las enfermedades que pueden despertarse por la exposición al amianto son: placas pleurales; cáncer de pulmón, de pleura (mesotelioma), de laringe, de peritoneo o de ovarios; y asbestosis (fibrosis de pulmón).
«La más benigna son las placas pleurales. Se trata de una inflamación de la pleural (la piel que cubre los pulmones) porque llegó la fibra y con el tiempo se forman calcificaciones. No se necesita de una gran exposición a fibras para que se desarrollen. Sobre la posibilidad de que llegue a un cáncer no existe una demostración fehaciente: puede que sí como que no», informó Rodríguez.
Por otra parte, con la asbestosis «se endurece una parte del pulmón y ese sector pierde su funcionalidad que es recibir el aire pasando a la sangre para que el oxígeno circule. Es progresivo y puede llevar a la muerte con los años o no y quedarse simplemente en una restricción, que ya implica una incapacidad».
«Fundamentalmente con el asbesto está comprobado que el cáncer puede ser de pulmón, de pleura, de laringe, de ovario y de otras células mesoteliales como el mesotelioma de peritoneo y de pericardio (corazón)», indicó el especialista.
Sobre el mesotelioma informó que tampoco «se necesita de una intensa o prolongada exposición» a las fibras y que tanto esta enfermedad como el cáncer de pulmón «tienen un período de latencia».
«No es que vos te exponés hoy y hacés el cáncer mañana. Ese período de latencia puede ser de muchos años. Por eso muchos de los que terminan muriendo por cáncer por asbesto ni se enteran porque ya están afuera del trabajo. Eso dificulta la asociación del diagnóstico con el origen de la enfermedad», explicó.
Y remarcó: «De ahí la importancia de mantener una vigilancia médica durante al menos 30 años desde el momento en que finalizó la exposición».

La alarma que llegó desde España
En 2018, diarios de España informaron que un trabajador del subte había fallecido por cáncer por exposición al asbesto en vagones del subte del mismo modelo (CAF 5000), comprados entre 2011 y 2012 por el entonces jefe de gobierno porteño Mauricio Macri al Metro de Madrid, que funcionaron en la línea B a partir de 2013.
La importación se hizo pese a que el asbesto se encuentra prohibido en la Argentina desde 2003 y está incluido en la categoría de residuo controlado del Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de Desechos Peligrosos y su Eliminación, de 1992, que prohíbe el tráfico de residuos peligrosos entre países.
Esta prohibición se debe a que el asbesto es un mineral cancerígeno para los seres humanos y así lo reconoce la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC).
«Nos opusimos a seguir manejando esos trenes. Ellos lo negaban (la presencia de asbesto), se querían llevar los trenes y nosotros nos negamos porque era la eliminación de la prueba», contó a Télam Pianelli
Finalmente, en diciembre de 2018, la empresa Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (Sbase) y Metrovías reconocieron la presencia de asbesto en piezas de esas formaciones.
En tanto, el presidente de Sbase, Eduardo de Montmollin, confirmó en octubre de 2019, en diálogo con CNN en español, que los manuales de información sobre estos vagones informaban que contenían asbesto: «Es cierto que hay documentación que dice eso pero no había manera de validar si eso era cierto», dijo.
Pero esa no fue la única vez que se importaron trenes con asbesto luego de la prohibición. En 2013, el gobierno porteño volvió a comprar trenes que contenían amianto, esta vez los modelo Nagoya 5000 de la década de 1980 a la empresa japonesa Marubeni, que funcionaron desde 2015 hasta 2019, cuando se conoció públicamente la presencia de amianto. Actualmente tres de esas formaciones fueron desasbetizadas, según informó Sbase.
La muerte de Jorge
El 21 de marzo de 2020, las y los trabajadores lamentaron el fallecimiento de Jorge Gabriel Pacci, de 56 años, a causa de un mesotelioma -un cáncer de pleura frecuentemente asociado a la exposición al asbesto- .
Pacci trabajaba desde 2014 en el taller Rancagua y, por su muerte, su esposa, Carolina Castellano, inició una causa penal en diciembre de 2021 que se encuentra bajo la órbita del Juzgado Criminal y Correccional 15, con intervención de la Fiscalía N° 41.
«Yo fui directamente contra la empresa, el presidente, no fui más arriba porque sabía que me la iban a dar vuelta. Tampoco quería que cayera en un juzgado de la Ciudad de Buenos Aires porque ahí el poder político tiene mucho peso y me lo iban a rebotar», dijo a Télam.
Sobre su esposo recordó que «era un hombre super sano» y que «nunca fumó». «Estuve 31 años casada con él y nunca lo vi enfermo. Hacía deporte, practicaba kung fu. El asbesto lo envenenó y en 9 meses falleció porque es un cáncer fulminante», lamentó.
«El repuesto más caro es el ser humano. Eso es lo que pasa para la empresa. Ellos quieren plata», concluyó el trabajador Ortiz.
Piden reducción de horas semanales en el subte por la exposición al asbesto
Las y los trabajadores del subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires piden desde hace meses una reducción de su jornada laboral a 30 horas semanales por la exposición al asbesto, un mineral cancerígeno para las personas, y también un plan de desasbestización «rápido y eficiente» a través de acciones en las líneas del subte, al tiempo que insistieron en presentar una solicitud ante el Ministerio de Salud porteño para que intervenga en dar respuesta a la problemática.
«La idea es buscarle soluciones a un problema que hoy está diseminado por todo el subterráneo. Falta sacar 300 toneladas, o sea 300 mil kilos de asbesto del subte, y eso va a llevar 5, 6, capaz hasta 10 años más porque obviamente ya vamos 5 años y recién se pudieron sacar 90 toneladas, que es más que un Obelisco», dijo a Télam Francisco Ledesma, secretario de Salud Laboral y Condiciones en el Medio Ambiente en el Trabajo de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP).
Los pedidos de las y los trabajadores del subte son una reducción de su jornada laboral que actualmente es de seis días a la semana, seis horas cada vez, a una de cinco días con 30 horas semanales, además de un plan para quitar el asbesto que sea «rápido y eficiente».
Ante esto, el gremio AGTSyP pidió a fines de mayo la intervención del ministro de salud porteño, Fernán Quirós.
Una de las exigencias centrales de la solicitud es la creación de un «registro público con los antecedentes laborales vinculados a los trabajadores y trabajadoras actualmente expuestos al amianto (o asbesto), producto de la larga latencia del mineral».
Además, pidió una «audiencia urgente» para exponer la situación y «requerir medidas urgentes de mitigación, atención y prevención, destinadas a los trabajadores que cumplen funciones en el ámbito del Subte y Premetro, a pasajeros y transeúntes, y a la población en general», y la creación de una mesa de diálogo para abordar la problemática.
«La palabra del ministro de Salud de la ciudad aporta porque obviamente es un transporte masivo de pasajeros y es una cuestión de salud ambiental», dijo Ledesma.
Desde la empresa estatal Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (Sbase) informaron a Télam que existe un «Plan de Gestión de Asbesto» desde 2018 y una comisión integrada por Sbase, Emova, los gremios, la Agencia de Protección Ambiental (APrA), la Dirección General de Protección del Trabajo dependiente de la Subsecretaría de Trabajo, la Superintendencia de Riesgo de Trabajo (Salud), el INTI y la Defensoría del Pueblo.
En este sentido, informaron que se realizaron alrededor de «mil análisis en elementos sospechosos en formaciones», «2.600 mediciones de calidad de aire», «casi 800 inspecciones» y «comenzaron los procesos de desasbestizado en diferentes líneas y en el resto de las instalaciones».
Sin embargo, en abril de este año, la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo falló en contra del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Sbase y Emova que habían presentado un recurso de amparo ante una medida cautelar emitida por la jueza Elena Liberatori a favor de una demanda ambiental presentada por representantes de la AGTSyP.
En el fallo, la Cámara afirma que si bien se realizaron «acciones tendientes a sanear el daño ambiental que habría sido ocasionado por asbesto en la red de subterráneos (…) lo cierto es que ello no habría resultado suficiente hasta el momento para justificar el incumplimiento de las expresas obligaciones impuestas a su cargo».
«No es posible vislumbrar como pretende el GCBA (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) que la situación haya quedado superada por las acciones que viene desplegando», agrega el fallo, firmado por los jueces de Cámara Carlos Francisco Balbín, Fabiana Haydee Schafrik y Pablo César Mantaras.
Y advierte que «no logró desacreditar los elementos que darían cuenta de la existencia de asbesto en transgresión a la normativa aplicable y su incidencia nociva para el ambiente y con ello para la salud».
Además de la demanda ambiental presentada por AGTSyP, el ex inspector de Trabajo de la Ciudad de Buenos Aires e ingeniero en Higiene y Seguridad, Edgardo Castro, denunció en septiembre de 2019 a Mauricio Macri y a Horacio Rodríguez Larreta, entre otros, en el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 2.
Lo hizo por «compra ilegal y por uso de vagones contaminados con amianto, por encubrimiento, y por no descartar los vagones de manera correcta luego de sacarlos de circulación», contó Castro a esta agencia.

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